Ceremonias de la “Absolución al túmulo”

En el uso extraordinario, al concluir una misa de difuntos que no es de cuerpo presente se suele realizar la llamada “absolución al túmulo o catafalco”. Esto consiste en poner un paño negro sobre algo que simule un cajón y rodearlo de cuatro, seis o más candeleros. Otra opción es poner el paño sobre el suelo. Esto se coloca sobre la nave central de la iglesia, fuera del presbiterio

Al finalizar la misa el celebrante va al banco y endosa el pluvial negro, después de haberse despojado del manípulo y la casulla. Luego, junto con el ceremoniero va al frente del altar, hace la correspondiente reverencia y se dirige al “túmulo”; lo preceden el crucífero con los dos cereoferarios y los acólitos del turíbulo y del agua bendita.

El crucífero con los cereoferarios se coloca delante del túmulo, de manera que quede enfrentado al altar; los demás acólitos y el celebrante se colocan en el otro extremo, pero un poco del lado izquierdo del catafalco, en la esquina.

Luego del canto del responso “Libera me, Domine” el celebrante pone incienso en el turíbulo y lo bendice. Siguen unos Kyries y el ceremoniero abre el ritual al celebrante y este entona “Pater noster” que todos continúan en secreto.

El celebrante toma agua bendita y rodea al túmulo mientras lo rocía (el ceremoniero y el porta-acetre llevan las fimbrias del pluvial). Al pasar delante de la Cruz procesional se inclina y los acólitos que lo acompañan hacen genuflexión. Luego, se le entrega el turibulo e inciensa el catafalco rodeándolo (el ceremoniero y el turiferario llevan las fimbrias).

El ceremoniero presenta el libro al celebrante para que cante las preces y oración final. Después, los acólitos y el celebrante se retiran a sacristía.

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Particularidades de la “Missa pro defunctis”

La misa de difuntos según el uso antiguo del rito romano o misa de Requiem (palaba latina: que significa “descanso” y es la primera palabra de la antífona de entrada), tiene diversas singularidades, que son las siguientes:

-Se emplean ornamentos de color negro, sin embargo, si en el altar se encuentra el Ssmo. Sacramento, se usa el frontal morado, igualmente el conopeo del sagrario es siempre blanco o morado.

-Se omiten los besos a los objetos a entregar (incluyendo las vinajeras) y a la mano del celebrante.

-Al inicio de la misa, se omite el salmo 42, Iudica me Deus.

-El celebrante no inciensa el altar a los kiries y al decir el Introito se signa el libro él mismo.

-Al Evangelio, los acólitos no llevan ciriales ni el celebrante inciensa el libro.

-En el ofertorio, el celebrante si inciensa el altar como de costumbre; el acólito o diácono inciensa solamente al sacerdote.

-Después del “Pax Domini” el celebrante omite la oración “Domine Iesu Christe” y no se da la paz. El celebrante y, si lo hay, el coro no responden “Miserere nobis” al Agnus Dei sino dos veces “Dona eis requiem” y  a la tercera “Dona eis réquiem sempiternam”; no se golpea al pecho.

-Al final de la misa, el celebrante no dice “Ite, Missa est”, en cambio “Requiescant in pace”, y se responde “Amen”; no se da la bendición, pero se dice el último evangelio.

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